Una de las contribuciones de Henry Ford a la seguridad en el automóvil fue la incorporación del parabrisas de cristal laminado, que no se fragmentaba al romperse. Fue inventado por Edouard Benedictus, que patentó su idea en 1909.

Los primeros automóviles del siglo XIX y principios del XX carecían de parabrisas, obligando a sus ocupantes a llevar gafas de protección, guardapolvos y gorros para librarse de los insectos y de los chinazos y la tierra proyectados por las propias ruedas y por otros vehículos. Más tarde se instalaron saltavientos de cuero y, finalmente, cristales.

parabrisas laminado

Pero cuando un cristal se rompía, salpicaba de fragmentos a los ocupantes a causa de la velocidad, produciéndoles graves heridas en la cara y ojos. Oldsmobile fue la primera marca que los ofreció de serie en sus coches desde 1915, normalmente en dos piezas articuladas, para permitir la ventilación interior. Pero el riesgo de rotura se incrementaba con el aumento del tráfico rodado y había que buscar una solución.

Edouard Benedictus inventó el parabrisas laminado

El norteamericano Edouard Benedictus descubrió por casualidad que un vaso no se rompía en pedazos al caer si contenía una capa de nitrato de celulosa en su interior. Los trozos quedaban unidos por la celulosa y, eso, le llevó a patentar en 1909 el primer parabrisas laminado: estaba compuesto de dos láminas de cristal unidas por una capa de celulosa. Pero era costoso de fabricar.

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Casi al tiempo, el británico John C. Wood creó algo parecido. La I Guerra Mundial dio rápido uso al nuevo invento (máscaras antigas, gafas de aviación…), pero su uso civil quedó limitado por la dificultad de producirlo y por la rápida degradación de la celulosa, que se volvía opaca con el paso del tiempo.

En ingenio de Henry Ford

Henry Ford encargó a Clarence Avery, el “genio” mecánico de la empresa, que creara un cristal laminado resistente y barato. Junto al especialista Pilkington, desarrolló un nuevo proceso de fabricación de vidrio mucho más resistente, en la misma planta de Ford en River Rouge. A finales de 1919 empezaron a producirse cristales laminados para automóvil. Y en 1921 ya comenzaron a instalarse en modelos de la marca, de forma opcional. El primer parabrisas laminado de serie lo montó un Rickenbacker en 1926.

Las ventajas del parabrisas laminado eran evidentes: no se rompía en mil pedazos, sino en forma de tela de araña; impedía que los pasajeros salieran despedidos; y su resistencia aportaba una mayor integridad estructural del coche en caso de vuelco. Esta gran innovación solo presentaba dos problemas importantes: su capa interior de celulosa se decoloraba, se oscurecía y se volvía quebradiza con el paso del tiempo.

Llega el butirato de polivinilo

Carleton Ellis lo solucionó en 1938, cuando patentó una resina sintética transparente que no se decoloraba con el tiempo. A partir de finales de los años treinta, los fabricantes empezaron a utilizar el butirato de polivinilo (PVB), que hacía que el vidrio laminado fuera más transparente y resistente. Entre los años ‘30 y ‘50 del siglo pasado se usaban cristales laminados en todas las lunas del coche, excepto en la trasera.

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Sin embargo, a finales de la década de 1950, los fabricantes de automóviles buscaron una opción más barata y empezaron a utilizar vidrio templado para las ventanillas laterales y traseras. Muchos especialistas en seguridad sostienen que el vidrio templado no debería utilizarse en las ventanillas laterales, ya que no impiden que los pasajeros, o partes de su cuerpo, salgan del habitáculo en caso de colisiones laterales o vuelcos.

El parabrisas laminado, elemento de seguridad

En los años ‘60 el público comenzó a interesarse más en la seguridad de los coches y la tecnología permitió desarrollar parabrisas laminados más resistentes. En esa época se creó en Estados Unidos la Administración Nacional de Seguridad Vial (NHTSA), que comenzó a establecer normas federales para la resistencia y transparencia de los parabrisas laminados (FMVSS 205); la resistencia de retención del parabrisas durante los accidentes (FMVSS 212); la rigidez del techo en los accidentes de vuelco (FMVSS 216); y los límites de penetración del parabrisas (FMVSS 219). También en esos años se hizo obligatorio su uso en Europa.

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El parabrisas laminado mejora el confort acústico de un automóvil por su función aislante. Esto se traduce en una conducción más cómoda y segura al mejorar la concentración al volante. Algunos parabrisas modernos disponen de un laminado que puede reducir el nivel de sonoridad hasta en un 30%, debido a que disminuye los zumbidos aerodinámicos, así como el ruido de la rodadura.

Protección para los ocupantes

Mucho más importante, la lámina del parabrisas bloquea más del 90% de los rayos UV, lo que protege los ojos y la piel de los ocupantes de las plazas delanteras. La exposición a los rayos UV es acumulativa y está asociada al 90% de todos los cánceres de piel. Algunos parabrisas también ofrecen protección térmica al incorporar una lámina transparente de óxidos metálicos, que refleja la radiación infrarroja y traslada menos calor al habitáculo.

Por otro lado, los cristales laminados se pueden reparar. Carglass siempre recomienda reparar un parabrisas, si es posible, antes que sustituirlo. Un parabrisas reparado con la tecnología de Carglass recupera su resistencia original.

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