Pablo Gimeno

Pablo Gimeno Valledor

(Madrid, 1949)

Aficionado desde siempre al automóvil y, en especial, a su vertiente histórica, con especial interés en todo en lo referente a España, escribiendo regularmente artículos desde 1978 además de publicar una veintena de libros, siempre sobre temas españoles e inéditos, ya sean marcas, modelos, o competiciones nacionales.

Óscar Leblanc ha sido uno de los grandes pilotos de motos y automóviles que ha habido en nuestro país si bien hoy parece estar bastante olvidado a pesar de sus victorias y buenas clasificaciones, por lo que con este artículo queremos recuperar su memoria en la medida de lo posible.

Sus inicios sobre las dos ruedas tuvieron lugar en 1912 en el ámbito del ciclismo -algo no inhabitual a principios del siglo XX en que muchos motociclistas provenían de la bicicleta, y muchos automovilistas venían del motociclismo- siendo varios años Subcampeón de España de Ciclismo, proclamándose Campeón de España en Ruta en 1914, manteniéndose activo en el ciclismo durante varios años más, incluso en un período en el que ya era famoso en el mundo del motor nacional en el que debutó en 1915 en una prueba de kilómetro Lanzado a los mandos de una moto Douglas, venciendo en su categoría.

Leblanc debutó en motociclismo con Harley

Fue con Harley Davidson, marca con la que corrió por vez primera en 1916, con la que logró la mayor parte de sus victorias y puestos de honor en el motociclismo, siendo la carrera Sagunto – Teruel – Sagunto su primera victoria, seguida de sendos triunfos en su categoría en la Carrera en Cuesta de los Bruchs en 1919 y 1920, uniéndose así al excelente grupo de motociclistas madrileños formado por Florencio Fuentes, Román Uribesalgo, Zacarías Mateos, Baltasar Santos, Vicente Naure y otros.

Fue a fines de 1921 cuando sin abandonar totalmente las motos corrió su primera carrera en un automóvil al volante de un autociclo David ¡y ganó! y es interesante señalar, por lo que ocurriría en un futuro aún muy lejano, que el representante de David en Madrid era a su vez el representante de la prestigiosa marca Packard.

Pilotó para Amilcar y Salmson

Su buen palmarés en motos y ese triunfo en su primera carrera con un cyclecar hicieron que se fijaran en él los representantes de dos marcas de autociclos o cyclecars que estaban entonces en sus mejores momentos deportivos como eran Amilcar y Salmson en España, marcas para las que él pilotó.

El concepto de piloto profesional de entonces, y más aún en España, era muy diferente del de hoy, si bien en el caso de los motociclistas sí había profesionales al cien por cien, pero el hecho de poder disponer de coches oficiales era muy importante, corriendo Leblanc con Amilcar primero y con Salmson después, venciendo en el Campeonato de Castilla, logrando la victoria en la prueba internacional de autociclos en Lasarte en 1924, así como una épica victoria absoluta con Salmson en las XII Horas del Guadarrama en 1926, tras haber ganado en la categoría de autociclos en 1923 en esta misma prueba al volante de un Amilcar.

Con un Bugatti en Lasarte

Y como cabía prever en un piloto que siempre quería ir a más, decidió correr con automóviles de altas prestaciones y, en esos años veinte, ¿qué mejor que un Bugatti de Gran Premio? Y así le vimos ganando en las Perdices y en otras competiciones con estos célebres automóviles, además de ponerse al volante  de poderosos coches de turismo en algunas de las carreras de resistencia del circuito de Lasarte en San Sebastián al volante de un Stutz.

Casi coincidiendo con el cambio de década, Leblanc decidió bajar su actividad deportiva para centrarse en sus negocios que, al menos en parte, estaban relacionados con el automóvil, pero aún así pudo vérsele en algunas ocasiones en pruebas de regularidad al volante de coches como los norteamericanos Essex y el Hillman británico, con cuyas marcas tenía algún tipo de relación.

Leblanc, concesionario de Packard y Mercedes

Tras la Guerra Civil, volvemos a encontrarnos con él, pero no ya en el mundo de las competiciones sino en el de las representaciones, destacando entre ellas la de Packard y de Mercedes, si bien en esos años de importaciones muy restringidas las importaciones eran escasas aunque, curiosamente, los Packard fueron coches muy utilizados por los altos cargos del régimen, lo que hizo que se importasen bastantes, y los Mercedes tuvieron siempre unos cupos de importación relativamente generosos para lo que se estilaba entonces.

En definitiva, una vida ligada a las dos ruedas desde la primera década del Siglo XX, por afición primero, y profesionalmente después en el mundo del motor, aunque nunca faltase la afición.

Galería Oscar Leblanc

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