La marca suiza Monteverdi fabricó en los años 70 un SUV de lujo superior al Range Rover, denominado “Safari”.  Se adelantó a su tiempo, convirtiendo un todoterreno en un vehículo confortable, magníficamente equipado y con los mejores materiales. Lo que hoy denominamos SUV, aunque en su época no fue entendido por el gran público.

Cuando Peter Monteverdi presentó su modelo “Sahara” y, luego, el –aún mejor- “Safari”, tenía su objetivo en el mercado de Oriente Próximo, donde los “petrodólares” fluían en aquel tiempo. Los millonarios jeques del Golfo Pérsico demandaban coches muy especiales, que se adecuasen a su clima y en los que no faltaran las excentricidades. Peter Monteverdi vió que el todoterreno más lujoso –el Range Rover- se quedaba corto para esa nueva clientela.

Monteverdi se alió con el carrocero Fissore

Desde su pequeña sede en suiza, Peter Monteverdi estaba fabricando coches exclusivos desde 1967. Primero en colaboración con el carrocero Frua y luego con Fissore, ofrecía Gran Turismos exclusivos con diseño italiano y mecánica norteamericana de gran cubicaje. Nunca produjo sus propios motores, pero tampoco era la única marca con cierto renombre que lo hacía. Sin embargo, la ruptura de relaciones con Frua y el escaso éxito de sus últimas creaciones, generaron un cambio de objetivo en la dirección de la empresa.

El avispado Peter Monteverdi vio que había un segmento de automóviles de lujo que otras firmas despreciaban: la de los todoterreno. Allí reinaba en solitario la británica Range Rover y, sus coches, aún eran demasiado rústicos para los nuevos-ricos árabes. Además, sólo disponían de dos puertas, lo que era un hándicap añadido al confort interior. Por ello decidió construir su propio TT de Lujo, con capacidades “off road” y con interior digno de un Gran Turismo italiano.

Monteverdi Sahara, basado en el International Harvester Scout

A partir de 1976 concentró sus esfuerzos en el Monteverdi Sahara, basado en un modelo de TT poco conocido: el International Harvester Scout. Con la ayuda del carrocero Fissore (que ya había creado el Monteverdi High Speed Coupé de 1968) se rediseñó la carrocería con la principal condición de que pudiera tener cuatro puertas. El Monteverdi Safari apareció en 1977, aún más lujoso y sofisticado. Aunque exteriormente se parecía al Range Rover, era mucho mejor y no costaba mucho más.

Con mucha superficie acristalada, ofrecía la comodidad de acceso de las cuatro puertas y un habitáculo increíble. Los diseñadores Richard Sapper y Marco Zanuso crearon un espacio regio para los pasajeros posteriores, presidido por una TV portátil y un frigorífico (que permitía almacenar una cantidad  de botellas de champán como para cruzar el desierto…) El cuero cosido a mano estaba por todos lados, incluyendo el salpicadero, pleno de relojes e interruptores. Y con una elegante consola central con las dos palancas de cambio y reductora.

El Sahara siempre contó con motores V8 americanos

Otra de las innovaciones del Monteverdi Safari era su potente mecánica (podía elegirse entre el V8 de 5,7 litros de Harvester y el 5,2 litros de Chrysler) capaz de impulsar el pesado 4×4 hasta más de 170 Km/h. A diferencia del Range Rover, contaba con una caja de cambios automática con desconexión de un eje, lo que facilitaba la rodadura por carretera o autopista. Y cuando se conectaba el 4×4 disponía de una reductora para superar cualquier obstáculo.

El Monteverdi Safari era mucho mejor que el Range Rover y no era mucho más caro (apenas 5.000 francos suizos más que aquel), aunque el mercado de SUV a finales de los 70 tampoco era muy boyante. Finalmente, Monteverdi llegó a un acuerdo con la marca británica para reconvertir a cuatro puertas los Range, a petición de sus clientes. Fissore creó unas puertas traseras iguales a las delanteras que se instalaban en los coches nuevos recibidos de Inglaterra. Se transformaron más de ciento sesenta unidades, hasta que Range Rover produjo su propia versión a partir de 1981.

Monteverdi cerró en 1984, pero reflotó en 1990

Monteverdi siguió en activo hasta 1984, fabricando modelos originales. Unos años más tarde se intentó reflotar la firma dándole un aire deportivo. Incluso Monteverdi compró el equipo Onyx de Fórmula 1 en 1990, pero no llegó a completar la temporada. Hoy la sede de la antigua fábrica es un museo con sus creaciones, algo a no perderse si se visita Suiza.     

Galería Monteverdi Safari

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.