La empresa relojera suiza Hanhart va a cumplir 140 años de historia. Especializada en cronógrafos, aún ofrece a los aficionados a los coches clásicos lo mejor para los rallyes de regularidad.

El 1 de julio de 1882 el relojero Johann A. Hanhart publicaba en un anuncio en el periódico local Anzeiger am Rhein, en el que anunciaba “respetuosamente a los honorables vecinos de Diessenhofen y sus alrededores” que había adquirido un comercio para abrir en él una relojería. El local en cuestión estaba situado en el número 33 de la Hauptstrasse de Diessenhofen, una pequeña ciudad al noreste de Suiza.

Johan A. Hanhart, había nacido el 11 de mayo de 1856 en esta misma ciudad a orillas del Rin, y ocupó también durante varios años el cargo de alcalde de Diessenhofen hasta que, en el año 1902, trasladó su empresa a la ciudad que por aquel entonces era considerada como la capital de la industria relojera del sur de Alemania: Schwenningen.

Del taller de ensamblado a la manufactura

Esta época marcó una de las primeras etapas extremadamente innovadoras de esta familia de empresarios, cuando el hijo menor de Johan, Wilhelm Julius (nacido el 31 de octubre de 1902) cuando el negocio ya se había trasladado a Schwenningen), ingresó en la empresa y, de manera progresiva, la fue transformando de un mero taller de ensamblado hasta una verdadera manufactura.

En 1924 Wilhelm Julius, que era un apasionado del deporte, lanzó al mercado lo que por aquel entonces se consideraría como el primer cronógrafo mecánico con un precio asequible. Justo un año antes, en 1923, Wilhelm había participado en un evento de atletismo en el que sus organizadores, a pesar de su empeño, tan sólo habían podido reunir cuatro cronógrafos de distintas calidades.

La adquisición de este tipo de instrumentos era difícil debido a su elevado precio motivado por la relativa novedad y compleja construcción de sus mecanismos. Tan sólo se fabricaban en Suiza, lo que los convertían en verdaderas “rarezas” de la relojería. Este hecho alentó a Wilhelm a fabricar él mismo en sus talleres sus propios cronógrafos.

En estrecha colaboración con un relojero, Hanhart diseñó y construyó un cronógrafo de mano iniciando la historia de una larga tradición en su fabricación. Poco tiempo después, distintos modelos de relojes de bolsillo y de pulsera completarían la colección de productos de Hanhart en esa época.

Manufactura de Hanhart en Gütenbach

Johan A. Hanhart falleció en 1932 y su hijo Wilhelm destinó todos sus recursos a la fabricación de sus propios productos a la vez que continuó con su proceso de expansión. En 1934, abrió una segunda factoría en la ciudad de Gütenbach. Precisamente en estas instalaciones que cuentan actualmente con casi 80 años de historia es en la que Hanhart realiza hoy en día la fabricación de los cronógrafos y los relojes de pulsera.

Un año después, en 1935, vio la luz el cronógrafo complejo de dos agujas de la marca. Hanhart continuó ampliando su colección con nuevos modelos de calibres cada vez más sofisticados y precisos, como un cronógrafo con una frecuencia de oscilación de volante de 360.000 alternancias por hora. Esto permitió a la marca figurar entre los primeros fabricantes capaces de medir la centésima de segundo.

Modelos legendarios y la Segunda Guerra Mundial

En 1938 se abrió un nuevo capítulo en la historia de Hanhart con el inicio de la fabricaciónen serie del primer modelo de cronógrafo, el “Calibre 40”, dotado de un solo pulsador y que no tardaría en convertirse en el producto principal de la firma. Un año después, en 1939, le siguieron los cronógrafos de aviador conocidos como “Calibre 41” y “Tachy Tele”, ambos con el característico pulsador de color rojo que se convertiría en el principal rasgo identificativo de la marca y cuya función consistía en evitar la puesta a cero del cronógrafo de manera involuntaria.

Durante la Segunda Guerra Mundial muchos pilotos y oficiales de la marina usaron en sus muñecas modelos de cronógrafos Hanhart que, al igual que la práctica totalidad de la industria relojera alemana, basó su producción en la fabricación de pedidos para el ejército.

Las consecuencias de la guerra fueron pésimas para Hanhart ya que, a la finalización del conflicto, sus dos plantas ubicadas en Schwenningen y Gütenbach quedaron en la zona de ocupación francesa lo que ocasionó que fueran saqueadas y desmanteladas. La mayoría de las máquinas y planos de construcción fueron requisados y llevados a Francia, mientras que Wilhelm fue detenido y encarcelado durante diez meses y la empresa cerrada.

Calibre 41

Los asesores fiscales de Hanhart le recomendaron declarar la quiebra de la empresa pero, en lugar de seguir su consejo, con la ayuda de su esposa Gertraud, empezó a reconstruir la fábrica de Gütenbach.

Para evitar una nueva detención, en 1947 huyó a Suiza para no regresar a Alemania hasta dos años después, en 1949. Durante estos dos años se dedicó a adquirir maquinaria que canjeaba por relojes de pulsera, mientras que los empleados de la empresa recuperaban mecanismos y herramientas de los escondites en los que los habían metido durante la guerra. Gracias a ello, en 1948 fue posible la reanudación de la producción de cronógrafos.

Por encargo de los franceses -el destino es ciertamente irónico- Hanhart fabricó el cronógrafo “Admiral” cuyo uso estaba destinado principalmente a médicos y oficiales.  Al mismo tiempo también se sirvieron cronógrafos de precisión a la Marina Federal Alemana; y, a inicios de la década de los 50, la planta de Hanhart trabajaba ya a plena producción.

Los esfuerzos se orientaron cada vez más a la fabricación de cronógrafos mecánicos de precisión y no tardó en tener una importante relevancia en el campo del cronometraje de eventos deportivos. Al mismo tiempo vieron la luz otras innovadoras creaciones como los relojes temporizadores (o de cuenta atrás) y el reloj mecánico de pulsera con alarma conocido con el nombre de “Sans Souci”.

La especialización en los cronógrafos

En 1952 Hanhart reconstruyó el edificio que había sido su sede oficial desde 1902 en Schwenningen. Después de proveer de cronógrafos de aviador al nuevo ejército alemán recreado en 1955, Hanhart dejó de fabricar estos relojes en el año 1962 y, de manera progresiva, también todos sus modelos de relojes de pulsera.

Era el momento de los cronógrafos. Sin lugar a dudas, Willy Hanhart fue la pieza clave de esta transformación. Con su iniciativa y su pasión por los deportes, animó a sus relojeros de la planta de Gütenbach a desarrollar continuamente nuevos modelos que llevó a la marca a convertirse en la empresa líder del mercado y mayor productora europea de cronógrafos mecánicos.

1972 fue el año que marcó el inicio de la era de los relojes de cuarzo impulsada, paradójicamente, por la industria relojera suiza. Poco faltó para que significara el final de la relojería mecánica.

Hanhart instaló su propia fábrica dedicada a la inyección de material plástico y desarrolló un calibre de cuarzo del que llegó a vender millones de unidades. Entre los distintos clientes con que contaba Hanhart en esta época se encontraban diversas empresas de renombre que equipaban sus propios relojes con este mecanismo.

Con lo que probablemente no contaba la potente industria relojera de la época, Hanhart incluida, asentada sobre unos principios de tradición y productos manufacturados, era con la incursión de mecanismos de bajo coste provenientes de Extremo Oriente, propiciada por la posibilidad de ser fabricados en cadena. La presión sobre los precios aumentó inevitablemente a la vez que la creciente competencia en el sector provocó un fuerte descenso en la cifra de ventas de la empresa.

La reacción de Hanhart ante la ofensiva asiática fue desarrollar en 1981 un nuevo calibre mecánico con un precio económico y equiparable al de los de cuarzo. Bautizado como Calibre 3305 se vendieron, nada más y nada menos, que 40 millones de unidades.

La década de los 90

Con el regreso a la relojería mecánica, Hanhart recurrió a su historia para presentar en los ‘90 fieles réplicas de sus legendarios cronógrafos de aviador y monopulsantes. La acogida de estos modelos entre los coleccionistas y amantes de la relojería fue inmediata. Al mismo tiempo la manufactura continuó orientando parte de sus esfuerzos a nuevos modelos y, en 2004, lanzó el “Dornier by Hanhart”.

Con el fin de conseguir un posicionamiento adecuado y la comercialización a escala internacional de sus cronógrafos, el 1 de julio de 2008, es decir, exactamente 126 años después del anuncio de la creación de la empresa Hanhart, se fundó en Suiza la sociedad Hanhart AG. Esta sociedad establece su sede a tan sólo unos pasos de aquella casa en la que Johann A. Hanhart abría su relojería en 1882.

Actualmente, Hanhart cuenta en su catálogo con las colecciones Pioneer, Primus y ClassicTimer. Los modelos de la colección Pioneer, estética y técnicamente, tienen sus raíces en la larga tradición de los legendarios cronógrafos de la marca. Sus principales rasgos distintivos son el inconfundible pulsador rojo de puesta a cero, la indicación bicompax de los contadores y la disposición asimétrica de los pulsadores. Características destacables y de suma importancia en este tipo de relojes instrumento son claramente identificables: funcionalidad y legibilidad.

La colección Primus vio la luz en el año 2009, resultado de una estrecha colaboración entre los talleres de Gütenbach y distintos proveedores del sector de la alta relojería suiza. Los cronógrafos integrantes de esta colección combinan elementos históricos de la marca con una moderna tecnología y un diseño más en línea con las tendencias del momento. Cada uno de los modelos que integran esta colección tiene nombre propio en alegoría al destino de cada uno de ellos: Pilot para el aire, Racer para la tierra y Diver para el agua.

Ambas colecciones, Pioneer y Primus, albergan calibres Valjoux o modificaciones de éstos. Ciertamente, no podemos hablar en estos casos de calibres manufactura de la propia marca, aunque sin ninguna duda al respecto se trata de calibres de base de contrastada solvencia y fiabilidad que, de manera adicional, permiten contener su precio. La producción de estos relojes de pulsera supone unas 2.500 unidades anuales, hecho que, a priori, podría hacernos considerar cualquiera de los modelos como verdaderas ediciones limitadas, aún sin serlo.

Hanhart ClassicTimer

De las 150.000 unidades anuales aproximadamente 25.000 se fabrican con calibres mecánicos. Precisamente dentro de esto últimos se encuentra la colección ClassicTimer que hereda toda la esencia de los históricos cronógrafos de mano de Hanhart. Los mismos instrumentos que antaño se utilizaban en las carreras automovilísticas de renombre, tienen hoy su lugar en los rallyes de coches clásicos.