En 1961 –se cumplen 60 años- nacía el Mini-Cooper, fruto de la relación entre la British Motor Corporation y el constructor de Fórmula 1 John Cooper. El pequeño Mini diseñado por Alec Issigonis se convirtió en un coche deportivo capaz de ganar carreras del calibre del Rallye de  Montecarlo gracias a la preparación Cooper.

 

 

Desde aquel lejano 1961 el apelativo Cooper no ha abandonado a las versiones más deportivas del Mini. Primero en su etapa de BMC, luego de Rover y –más tarde- en su resurrección a manos de BMW desde el nuevo siglo. El primer Mini-Cooper de nueva generación apareció ya en 2001 y la marca “John Cooper Garages” también fue adquirida por la firma alemana en 2007, de modo que nunca falta en la gama Mini la terminación “John Cooper Works”.

John Cooper instauró el motor trasero en F1

John Cooper era un joven ingeniero británico durante la posguerra. Con sólo 23 años fundó con su padre, Charles, la “Cooper Car Company” en 1946, que pronto desarrolló y construyó coches de carreras de Fórmula 3 y Fórmula 2. Su genialidad fue el diseño de un nuevo tipo de monoplaza de Fórmula 1 en el que el motor no iba delante del piloto, como era habitual en la época, sino detrás de él. Cooper consiguió sus primeras victorias en 1958.

En 1959 y 1960, Jack Brabham fue dos veces Campeón del Mundo de Fórmula 1 con Cooper. Y el revolucionario principio del motor central se estableció de forma permanente en los Grandes Premios. El equipo Cooper se mantuvo activo en la Fórmula 1 hasta el final de la década de los ‘60. Entre sus pilotos más famosos, además de Jack Brabham, figuran Stirling Moss, Bruce McLaren y Jochen Rindt.

Issigonis creó el Mini en 1959

Mientras John Cooper estaba ocupado dejando su huella en la Fórmula 1, el ingeniero Alec Issigonis había desarrollado un nuevo coche pequeño para la British Motor Corporation. Con una longitud exterior de poco más de tres metros, el Austin Mini ofrecía un espacio asombroso para cuatro pasajeros y su equipaje. Issigonis había dispuesto el motor transversalmente en la parte delantera, con la caja de cambios justo debajo y contaba con tracción delantera.

Los nombres de Mini y Cooper se unen

El Mini sentó las bases de un diseño para coches pequeños y compactos que fue completamente revolucionario cuando apareció en 1959, pero que sigue vigente hoy en día. Con apenas 34 CV de potencia, mostraba una sorprendente agilidad en las curvas gracias a la tracción delantera y a su ligereza. John Cooper reconoció inmediatamente el potencial deportivo que encerraba, así que se puso en contacto con BMC y logró la autorización para elevar su temperamento.

 

Cooper mandó construir inicialmente una pequeña serie de 1.000 vehículos, cuyo motor modificado (ampliado en su cilindrada a casi 1 litro) generaba 55 CV, suficientes para alcanzar una velocidad máxima de 135 km/h. También instaló una relación cerrada en la caja de cambios, una palanca más precisa, frenos de disco en las ruedas delanteras y neumáticos más anchos. El primer Mini-Cooper, con su característica decoración bicolor, llegó al mercado en septiembre de 1961.

Prestaciones deportivas para el Mini-Cooper

Las mejoras no pararon: juntas homocinéticas (que reducían la influencia de la tracción en la dirección); un subchasis secundario, al que también estaban sujetas las ruedas traseras, mejoró la estabilidad direccional; una suspensión de tacos de goma y pequeños amortiguadores telescópicos aseguraron una respuesta más fina; y aumentó la cilindrada del motor a 1.071 centímetros cúbicos, lo que aumentó su potencia hasta 70 CV.

El Mini-Cooper tuvo un éxito inmediato en circuitos y rallyes. Se convirtió especialmente en una leyenda en el Rally de Montecarlo. En 1963, el finlandés Rauno Aaltonen consiguió la primera victoria de categoría. Su éxito en competición frente a rivales mucho más grandes y potentes lo convirtió en el favorito del público. Los puntos culminantes fueron las victorias absolutas logradas con el Mini-Cooper S en los Rallyes de Montecarlo de 1964, 1965 y 1967.

El Mini-Cooper triunfó por todo el mundo

En carretera, el Mini-Cooper entusiasmó a sus fans durante una década, tiempo durante el cual la denominación de su modelo se convirtió en sinónimo de diversión al volante. No sólo se fabricó en Inglaterra, sino que se produjo (en una versión ligeramente “descafeinada”) por Authi en España y por De Tomaso en Italia. Rover –sucesora de BMC- resucitó el modelo en los años ’80, equipado con el motor de 1.300 cc y ruedas altas de 12”. Y tuvo que reeditarlo de nuevo en los ’90, dotado ya de inyección, radiador frontal, llantas de 13” y grandes aletines.

En 2001 nacía el nuevo Mini de la mano de BMW. Por vez primera, con una carrocería más grande y completamente diferente (aunque parecida a los diseños previos de los años ’50) y con mecánica moderna. Aun así, su éxito comercial fue enorme. Y desde su nacimiento, también hubo un Mini-Cooper (motor 1,6 litros y 115 CV), seguido del primer “S” (163 CV) ese mismo año.

Mini “John Cooper Works”

Mike Cooper, hijo del legendario John, vendió su marca a Mini en 2007, ocupándose desde entonces de la preparación de todas las versiones más deportivas de cada variante y de cada nueva generación del moderno Mini. El último Mini “John Cooper Works Grand Prix” proporciona nada menos que 306 CV de potencia en su motor sobrealimentado y es el más rápido producido en serie hasta el momento… 60 años después del primero.

Galería Mini y Cooper

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