El pequeño y ligero Biscuter, fabricado por Autonacional desde 1953, fue el antecedente de los modernos “microcoches” para uso urbano. Su fabricación en serie precedió a la del SEAT 600. Y fue el intento más serio de producir en gran número un automóvil barato y accesible para el público español… aunque fuera un invento francés de Gabriel Voisin.

 

Antes de la industrialización del sector del automóvil en España tras la Guerra Civil, sólo existían proyectos artesanales o semiartesanales, como Eucort o Pegaso (con el deportivo Z102). Con las importaciones de coches extranjeros bloqueadas y los precios astronómicos de los pocos que entraban, la clase media seguía sin tener acceso a la movilidad privada, salvo en el caso de las motos y scooters. Eso dio pie –al igual que en la Europa de la posguerra- a la fabricación de pequeños microcoches nacionales aprovechando los motores de motocicleta.

Biscúter: un producto diseñado por Voisin

La empresa Autonacional S.A. de Barcelona, que agrupaba a antiguos empleados de Eucort, se constituyó para fabricar y comercializar uno de estos microcoches. Para ello recurrieron a un proyecto ingenioso -pero abandonado- por Gabriel Voisin, el diseñador francés de aviones y automóviles de prestigio. Su pequeño “Bi-scooter” (o doble scooter) se había presentado en el Salón de Paris de 1949 con gran éxito, pero con poco retorno comercial.

Voisin se caracterizaba por sus diseños poco convencionales y por soluciones técnicas de vanguardia. El “Bi-scooter” tenía una ligera y mínima carrocería monocasco de aluminio apta para dos pasajeros; un motor de moto Gnome & Rohne con tracción a una sola rueda delantera; disponía de tres marchas y carecía de marcha atrás (había que levantarlo a mano para colocarlo en la dirección adecuada). Pero pesaba poco más de 200 Kg y podía alcanzar 75 Km/h.

Un microcoche con avanzada tecnología

El propio Voisin condujo el coche desde Paris a Barcelona para demostrar su eficacia. La versión española emplearía un motor Hispano-Villiers monocilíndrico de 197 cc refrigerado por aceite, con 9 CV de potencia. Arrancaba manualmente y disponía de un triple freno de tambor: al diferencial y a las ruedas traseras. Vosin equipaba a su diminuto vehículo de tracción delantera de suspensiones independientes y de dirección de cremallera. Medía apenas 2,5 metros de largo y 1,10 de ancho y pesaba 240 Kg.

El aluminio iba “visto” (sin pintar), carecía de techo y de puertas y sus líneas angulosas no le hacía mucho favor: el “Biscúter” (como fue llamado en España) era realmente feo, rústico y desgarbado… Pero andaba. Sus propietarios podían añadirle una capota de lona si llovía y hasta portezuelas. Con los años se incorporó la “marcha atrás” y el arranque eléctrico; y se produjeron distintas versiones de carrocería, como la Furgoneta o el Coupé.

Derivados como el Bisúter furgoneta o el Pegasín

El Biscúter 200C o “rubia” contaba con una caja hecha de madera a la vista con cubierta metálica, que ampliaba la capacidad a cuatro pasajeros o hasta 200 Kg de carga. Y hubo otra versión “furgoneta” que admitía hasta 250 Kg. Aunque el modelo más original fue el “Pegasín” o 200F: un pequeño coupé con carrocería de fibra de vidrio, que recordaba a un Pegaso Z102 en miniatura y que fue diseñada por Pedro Serra.

Entre 1953 y 1959 se vendieron más de 10.000 unidades, pero la falta de aluminio (al final eran de acero y pesaban demasiado) y la llegada de un coche de verdad a precio popular, como el 600, pusieron punto final al proyecto Biscúter. El precio del modelo 100 era de 25.000 pts de su época, lo que dejó de ser competitivo cuando Renault y SEAT pusieron automóviles populares en el mercado a poco más del doble. Con todo, el Biscúter pasará a la historia como un hito en la historia de la automoción española.

Galería Biscúter

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